domingo, 15 de mayo de 2011

Productos, enceres diseñados para tener una vida corta

Productos que fueron diseñados para fallar a corto plazo


Para sufrir de rabia por unos buenos días, acabo de leer un artículo en el Internet que traba sobre la caducidad programada de los productos. Esto quiere decir que los equipos electrónicos y mecánicos que compramos hoy día están diseñaos para fallar en algún momento.


Ahora, miren lo que narra la historia: “Los romanos construyeron puentes que dos mil años después siguen allí de pié. En Livermore, EE. UU., esta funcionando una bombilla desde 1901, en un cuartel de bomberos”.


Yo añado, abuelos del pasado siglo, tuvieron neveras Westinghouse que luego de cincuenta años de uso continuo funcionaban perfectamente bien.


Yo trabajé en una oficina de contabilidad y finanzas de la región agrícola de Eureka, en Hormigueros, P.R.. Allí había una nevera Westinghouse bien antigua y vieja. Don Francisco, (QPD), el amigable y bien querido conserje de la oficina, me contó que cuando el llego a la oficina, hacia mas de treinta años atrás, ya esa nevera estaba allí. Según recordaba, un alto ejecutivo de la Central Eureka la había regalado a la oficina hacia mucho tiempo. El hombre ya estaba muerto cuando do Francisco llego a la oficina. “Válgame” si era vieja la nevera.


Sin embargo, mucha de la industria actual, gracias a la tecnología de la programación en memorias programables, fabrican productos, teléfonos celulares y otros aparatos con una vida tan fugaz que no deja rastro alguno en la historia.


Según los defensores del consumidor, “es programación del fin de la vida útil de un producto, de modo que este se torne obsoleto tras un período calculado por el fabricante”.


A que se debe toda esta estrategia. Pues estas monjitas de la caridad del libre comercio descubrieron que podían hacer mucha más riqueza, de la que ya tenían, produciendo artículos de consumo con una vida útil muy corta.


En varias ocasiones he tratado de hablar sobre este asunto con amigos y familiares. La verdad es que no les importa cuatro carazos.


Esta caducidad (fecha de vencimiento, muerte del articulo, etc.) es una forma legal de robarle al consumidor. Lo peor es que los gobiernos legislan para que esto sea completamente legal. De esta manera complacen a los inversionistas que a su vez les recompensan con dinero para sus campañas.


Si usted lo analiza bien, el dinero de toda la corrupción que se paga en el mundo sale de los bolsillos de los consumidores. Ese dinero, con estrategias como esta, le fue robado al consumidor.


Según “Cosima Dannoritzer”, directora del documental Comprar, tirar, comprar, actualmente “en la vida cotidiana apenas se habla de reparar, reponer o reutilizar, ante la publicidad que hace que todo sea rápidamente viejo”.

Cuando acortamos el ciclo de vida de un producto lo que hacemos es agotar aceleradamente los recursos naturales, derrochamos energía y disparamos un exceso de producción de desechos, según nos orientan los ecologistas.

La estrategia de caducidad programada es característica del modelo económico actual y forma parte innata del sistema capitalista. Es históricamente la pistola en la espalda que ha activado la un consumo derrochador y el crédito esclavista.
“La obsolescencia programada surgió a la vez que la producción en serie y la sociedad de consumo”, sostiene Dannoritzer. El problema es que ahora es una práctica sistemática que “está teniendo efectos ambientales terribles”.


Dice Prensa Libre:


La bombilla es tal vez el primer exponente del deliberado acortamiento de la vida de un producto de consumo. En 1924 se creó el cartel de Phoebus, integrado por diversas compañías eléctricas, con la finalidad de intercambiar patentes, controlar la producción y reorientar el consumo. Se trataba de que los consumidores compraran bombillas con frecuencia.


El resultado fue que en pocos años la duración de las bombillas pasó de dos mil 500 a mil 500 horas, según el documental de Dannoritzer. El cartel incluso multaba a los fabricantes que excedían la duración.


Pese a algunas demandas para las compañías, las bombillas corrientes siguieron funcionando una media de mil horas.


Autos, medias y iPods


“En general no se crean productos para que fallen, aunque hay excepciones”, opina Pere Fullana, director de gestión ambiental en la Escuela Superior de Comercio Internacional. “Aunque sabemos que en la misma dinámica entraron los automóviles o las medias de nailon”, agrega.


La historia de esta caducidad anticipada llega hasta nuestros días. Según medios estadounidenses, una abogada de San Francisco denunció a Apple debido a que en los primeros modelos del iPod había aplicado la caducidad antes de tiempo con baterías de poca duración.

Además, en Europa muchos clientes se quejan de las impresoras que dejan de funcionar una vez que lanzan un número determinado impresiones.


Respecto de las empresas involucradas en caducidad programada, Carles Riba, director del Centre de Disseny d’Equips Industrials en Francia, dice: “No digo que ninguna empresa lo haga, pero es delicado. Si alguien lo hace deliberadamente, no sería correcto éticamente”.


Los partidarios de esta estrategia de caducidad afirman que son fuente de bienestar para el usuario, mientras que sus críticos denuncian que de esta manera se hurta al consumidor y lo obligan a seguir el ritmo caprichoso de los intereses comerciales.


La caducidad programada de los productos cimentó el desarrollo estadounidense y renovó una cultura de consumo europea, basada en la premisa de que la ropa o los artículos “eran para toda la vida”.


Mi comentario final


Existen muchas personas creyentes de la paz. Son pacifistas entregados que odian todo tipo de violencia, aunque estas sean manifestaciones pacificas de desobediencia civil. Respeto eso. Pero cuando repasamos la historia, vemos que la libertad del hombre, la libertad de las naciones, los derechos de los obreros, los derechos de las mujeres, los derechos a la tierra, al pan, a la vida misma, no se han obtenido por mera legislación. No se lograron porque la democracia las otorgo de forma automática. Tuvieron que ser luchadas al costo de vidas y libertad. En una historia no tan lejana, encontramos la lucha por la libertada de las trece colonias americanas, la lucha obrera en Estados Unidos, la lucha de las mujeres por el derecho al trabajo y al voto. Si no hubieran protestado, luchado, perdido su libertad, y hasta la vida, nunca hubieran se hubieran obtenido los derechos que reclamaban.


¿Porqué en estos momentos hay tantas protestas alrededor del mundo?  Porque los gobiernos del mundo no le están concediendo nada a la gente común, al trabajador, al que necesita.  Todo se están dando a los grandes intereses. 


Así que este abuso de los grandes intereses contra la humanidad necesitada, no se podrá parar a menos que una revolución violenta sacuda este planeta o… que la naturaleza haga su voluntad.

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Me apaciona la historia de los pueblos, sus costumbres, su arte he indiscutiblemente... su música. Si algo odio en este mundo es el fanatismo ciego y estúpido. Creo en la democracia participativa y en la justa distribución de las riquezas del planeta. Pero creo, irremediablemente, que la extracción de las mismas no debe dañar nuestra naturaleza: fauna, ambiente y claro, al ser humano.

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